Atracón: El vacío lleno de nada.

Me estoy atracando. Como con apuro, con prisa. Como si tuviera que comer todo ya para llegar a algún lugar. Como si estuviera llegando tarde, y como si fuera a pasar varias horas sin comer porque voy a estar ocupada. Voy a estar ocupada en ese lugar al que tengo que llegar. Pero cual es ese lugar, y cuál es esa actividad que voy a hacer ahí, que me va a hacer pasar horas sin comer. Es algo que me entusiasma, asumo, porque la comida me está dando un mínimo de placer. Estoy comiendo, me estoy atracado mejor dicho con una manzana. Eso es, una manzana. Solo eso. No son kilos de comida calórica. Pero es un atracón igual por la forma en la que lo estoy haciendo, y porque me atraviesa esa prisa, me empuja. Esta fuerza me está empujando hacia ese lugar. Esta fuerza me está dando energía (literalmente, con la comida) para ir a ese lugar a hacer esa actividad. Pero por qué. Esta fuerza soy yo, esa la parte de mí que sabe que tengo que estar en ese lugar haciendo eso que me va a hacer perder la noción del tiempo y olvidarme del hambre -por lo cual tengo que llenarme ahora. Porque eso, es más grande y el placer, lo que me llena -espiritualmente y físicamente con el placer, es mucho más grande que el placer básico y universal que nos genera a todos una buena comida. ¿Adónde estoy llegando tarde? ¿Con 27 años ya es tarde para mi? ¿Hay un rango de edad que tengo que tener para entrar a ese lugar? ¿Dónde es? ¿Qué es?

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Cuando ejercito siento que mi cuerpo dice “Al fin no me estás rompiendo las p… por un rato”

Esta semana hice algo bien. Estoy en la cuarta semana ininterrumpida haciendo actividad física. Algo que creo que es importante de empezar y, sobre todo mantener, en el tiempo para seguir “amiga” de una misma.

Hace un mes, cuando me decidí a finalmente empezar a poner mis asuntos en orden, empecé a ir a clases de spinning.

Siempre hice spinning, o mejor dicho, siempre que hice algo, era spinning -a excepción de algunas que otras ocasiones en las que me daban los horarios.

Ahora bien, esto me llevó a darme cuenta de un par de cosas:

La primera es que, obviamente, me hace sentir bien, y que realmente me gusta ir. Es decir, creo que esta vez cambié el enfoque y entiendo que voy porque me hace bien. Me despeja la mente, por momentos no pienso en nada más que en el vínculo que estoy teniendo con mi cuerpo cuando lo obligo a dar más de lo que dio la última vez. Y es muy loco ver cómo el cuerpo me va respondiendo. Siento que mi cuerpo respira y que lo dejo en paz. En realidad siento como si me dijera “Al fin no me estás rompiendo las pelotas”, por todo el descanso que le doy -aunque paradójicamente lo esté moviendo.

Aparte hay otra cosa. Aunque a veces me sienta “cansada” yo sé que no tengo que llegar del laburo y quedarme en casa. No regularmente al menos. Por ejemplo, yo estoy yendo a spinning lunes miércoles y viernes a las 8 de la noche porque llego a mi casa a las siete. Pero los martes y jueves no puedo ambos días ir directo a casa y no hacer más nada. Ojo, esto no quiere decir que necesito tener el calendario hiper lleno porque “no puedo estar sin hacer nada” y sobrecargarme. Lo que me pasa es que me mata el encierro, me deprime y me hace simplemente sentir triste. Entonces este “hacer algo” no tiene que ser sí o sí hacer algo productivo, pero sí por ejemplo salir a caminar, o salir a ver a comprar comida (verduras y eso) o bien podría ser merendar afuera -aunque macrisis.

De todos modos, martes o jueves pronto van a ser ocupados por la psicóloga, así que en todo caso sería solo un día de “no tentarme en ir directo a la cama y deprimirme”.

Pero yo ya sé que NO TENGO QUE LLEGAR A CASA Y QUEDARME porque ya sufrí las consecuencias de eso muchas veces, y no tengo más ganas de soportar esa sensación de tristeza y monotonía. Entonces, por más que esté medio cansada, voy a la clase solo para evitar eso. Y una vez allá me concentro y hago la clase tranca hasta que agarro el ritmo. Pero incluso ahí el enfoque no es auto-imponermelo como una “obligación de hacer algo por hacer”, sino el “no tengo ganas de deprimirme después”. O “no tengo ganas de sentir que mi vida es aburrida”é

Tropecé

Ayer tropecé. Un poco sabía que me esperaba. Un poco podría haber sido peor. Pero igual, tropecé.

Era un día con muchísimos planes, de día y de noche. Un día totalmente ocupado en eventos y con amigos. Pero la lluvia canceló todo, y no hice otra cosa que quedarme en casa. Sólo salí a comprar facturas como “permitido”. Aunque sabía que no tenía que hacerlo. Como saben después de diez años ya sé lo que me dispara los atracones y lo que no. Sé lo que tengo que hacer… Por ejemplo, sé que no puedo pasar un día enteramente en casa. No me relaja. A algunas personas les viene bien después de una semana hiper agitada en el trabajo y con todas las responsabilidades que conlleva el día a día. Bueno, yo simplemente no puedo. No es que no quiera. Me encantaría, pero simplemente no es bueno para mí. No se trata de obligarme a hacer algo, mi cuerpo y mi salud me lo piden. No puedo quedarme en casa porque me deprimo y recurro a la comida por aburrimiento como ayer. Entonces, por más cansada que esté o por más fiaca que tenga de salir mi mente me pide hacerlo igual y yo lo hago porque me desgastan más las consecuencias de no hacerlo. Como ayer.

El día de ayer tuve 3 atracones y las purgas consecuentes. Atracones es una forma de decir porque sólo comí un poco de más. El primero fue con las facturas que compré. La realidad es que estas últimas dos semanas vengo comiendo bien y entrenando, sin mucho dulce -la realidad es que ya ni me tiento porque le perdí el sabor y el chiste a casi todo eso. Pero ayer como no tenía nada que hacer, decidí comprarme facturas y simplemente no pude soportarlas dentro de mí. No pude con todo ese sabor dulce y tuve que devolverlo. Ahí empezó el espiral que desorganizó toda mi alimentación. Claro que esto pasó porque no tenía más planes para ese día. No tenía a donde ir ni cómo distraerme. Así que bueno. Me desorganicé y terminé así.

Pero entiendo que es el primer tropiezo en estas dos semanas en las que estoy tomándome este round en serio y que era probable que pase. Y tampoco me voy a autocastigar por eso. Hoy necesito re-enfocarme y buscar algún plan para hacer. Alguna caminata o algo. Siempre pensando para adelante, y no revolviéndome en este tropiezo.

Les repito, no se trata de obligarme a hacer cosas por hacer, a sobrecargarme. Sino que mi mente me pide no quedarme encerrada en mi casa porque eso conlleva episodios como el de ayer. Y prefiero mantenerme alejada de eso lo más que pueda.

Por qué estoy acá

Dicen que hay muchas razones por las cuales empezar a escribir un blog: escribir mejor, comunicar algo, conocer gente, dar un punto de vista, reflexionar. Es decir, hay una razón, un propósito. Creo que en mi caso mi primer propósito es descargar mis “pensamientos negativos”. Es más bien algo terapéutico en lugar de un mensaje o una recomendación para alguien más, pero si alguien que lo lee está pasando por lo mismo, y se siente acompañadx en el viaje, bienvenido sea. Y si ya lo pasó o quiere dejar un consejo, mejor aún.

¿Pero qué es lo que quiero descargar exactamente? ¿cuál es el viaje que planeo registrar? Bien, decirlo conlleva obviamente dar una info sobre mí. Tengo 27 años y hace una década y un mes que soy bulímica y anoréxica. Con varios períodos mejores que otros. Hay muchos zigzags violentos en una década. Claro que este blog no va a hacer apología de los trastornos alimenticios. Creanme que pasé por todos los escenarios que podría pasar. Lo que se imaginen, lo hice. Sí, todo. He tenido situaciones límites, desde purgarme más de 20 veces en un día, hasta comer medio paquete de rumbas en un día. Tuve infinitas recuperaciones y caídas hasta dar con la recuperación más duradera que se dio recientemente -que incluso tiene fallas, por eso estoy acá. Y realmente, me parece que esta recuperación y este saber que los trastornos alimenticios son simplemente malos, se me dio por inercia. Porque ya no tengo nada más que experimentar, ya no hay espacio para vivir otra cosa más que no sea una recuperación. Y menos mal. Porque ya tengo 27 años y no me queda mucho tiempo para tomarme mi salud en serio. O al menos intentarlo de verdad.

Después hay otra razón práctica. No tengo mucho tiempo ni plata para un psicólogue. Tengo obra social, pero es de esas que te dan turnos cada vez por mes, y las 4 veces que hice terapia veía a mis psicólogues una vez por semana. Por lo tanto, necesito verlo una vez por semana por una cuestión de hábito y porque realmente necesito el apoyo. Entonces para eso no me queda otra que ir a un privado, pero MACRISIS. Así que mientras busco uno, me pongo a hacer algo terapéutico acá. De todas formas, incluso durante tratamientos escribí en cuadernos las cosas que me pasaban. Solo que en esos casos era distinto, porque era todo muy negativo. No sé dónde quedaron, pero recuerdo que era todo muy oscuro. Esta vez la idea es encararlo con una actitud un poco más positiva. Guarda. No soy una de esas personas sonrientes y felices. De hecho soy bastante antisocial, pero me gusta mucho reirme, sobre todo de mí misma. Sé que parece que me estoy contradiciendo. Para que se den una idea…sería una especie de Jane Lane mezclada con la instagramer “The Dry Ginger”.

Y como la idea es esa, la historia de mi trastorno alimenticio, con sus momentos más y menos oscuros, la iré dislucidando a medida que sea relevante. Precisamente porque lo que busco es relatar el proceso de recuperación y pensar en el presente y en cómo superar los momentos de este presente. En lugar de seguir revolviendome en un pasado que ya está, que ya sé que no suma y de cuya energía nadie necesita contagiarse. Ni siquiera yo. Por eso, de nuevo, iré dislucidando episodios sólo en caso de ser necesario y de tener algún aprendizaje que sume.